
Echar de menos la sutil caricia del aire en la piel desnuda,
cuando a mis espaldas blandes las armas que te entrego
y te elevas sincera dominando la materia de mi cuerpo,
no ver entonces que esparces el dolor como una siembra
sobre la amelocotanada superficie que doy en barbecho
para que tú, sólo tú, hiendas en ella lo que te pido, lo que ruego,
echar de menos eso porque más tiempo no puedo darte,
resulta un vacío que la renuncia construye con el tiempo,
con el paso del tiempo que hace más distante aquel encuentro,
mágico sendero pleno de universos, de dos universos.
Veo el daguerrotipo de tu rostro,
me recreo en tus ojos claros de pensamiento,
advierto la estrechez que figura fisura esculpida,
leo esos labios que un día besé como frutas frescas,
insisto en traerte a la memoria que me inunda de lo efímero,
de lo que, no por pasar pronto, deja de ser eterno:
yo tu maestro, tú mi amiga encontrada en un claro momento,
solos los dos, sin nadie en derredor que en derredor pudiera clavar su inoportuna presencia,
yo solo, desnudo junto a ti, desprovisto de todo,
confiado y, además, elegido, señalado por tu dedo,
por tu consistencia atmosférica,
desnudo sí, desnudo, entregado, dado, regalado,
desprendido de prejuicios y recatos,azotado dos decenas de veces que ya no cuento,
sometido al imperio infinito de unos momentos que transitan raudos
y que raudos desaparecen del firmamento.
Yo te recuerdo, mas aunque no pudiera darte más que esto,
quizás un poema es un vasto colofón de los radiantes sucesos,
sé que hubiera podido entregarte otro tesoro, así lo siento,
sé que hubiera podido caer en la tentación de cederte el tiempo,
y entonces no hubiera sido más que una sombra desnuda,
quizás no hubiera sido un maestro, me hubiera diluido del mundo,
ya no hubiera batallado cayendo en el dominio,
en los valles de esa dulzura de fondo que en el fondo comprendo
y que, cosas que pasan, pocos de ti imaginan.
Añoro lo imposible que no puede ser, mas añorar...
resulta dulce cuando la melancolía instala su sabia enseñanza,
vivir deseando no es malo entonces,
sino, tan solo, una manera buena de recordarte.
Mi Maestro Hermes